desde que deje de trabajar mi vida cotidiana cambió considerablemente. si tengo que comparar mi vida de trabajador y hoy de busca-chamba, las diferencias son abruptas.
antes, mi día empezaba a las seis y media de la mañana, me bañaba, me vestía, tomaba desayuno, veía poca televisión, a veces noticias, otras veces alguna de las series de la warner bros. salía de mi casa no sin antes persignarme e iba al paradero a tomar el colectivo -único transporte que llega hasta el centro de lima desde el callao-. siempre llegué más que temprano al banco, cerca de una hora antes de mi hora de ingreso. ya estaba acostumbrado. los días que tenía que ir a estudiar -tres veces por semana-, me daban permiso para salir media hora antes. las primeras clases en las cuales ya trabajaba y estudiaba, la ultima hora siempre era la más pesada y aburrida, tanto así que no vacilaba en quedarme dormido mientras el profesor hablaba del marketing y sus cuatro "p".a mi casa llegaba cerca de las once de la noche. solamente para cenar, vestirme con mi pijama y de frente al sobre. hasta el día siguiente, con la rutina de siempre.los días que no estudiaba, me quedaba más tiempo en el banco -un poco para recompensar las horas-. esos días llegaba a mi casa cerca de las ocho de la noche. aparte de cenar y vestirme con mi pijama, me daba tiempo para revisar mis correos, chatear un rato con las amistades y los días que tenía exámenes o presentación de trabajos no me quedaba otra mas que estudiar.
ahora, mis días empiezan a las nueve o a la diez en el peor de los casos (es que uno tiene que dormir sus ocho horas, mínimo). tomo desayuno con más calma mientras veo las noticias que, en la mayoría de los casos, hablan de accidentes, secuestros, robos, humillaciones futbolísticas y demás cosas. hago ejercicios con la maquina que me compre gracias a la sabrosa utilidad que logré recibir por parte del banco, mientras veo "tres por tres" y "los años maravillosos", me baño y espero a que mi madre termine de cocinar. en ese lapso, me conecto al messenger con estado "no conectado", reviso mi correo y escribo a las amistades, a las que uno nunca olvida. por ahí, de vez en cuando, quedamos para almorzar o para jugar una pichanguita en la noche con la gente del área. la hora del almuerzo ahora es acompañado de mi madre. pero es como si almorzara solo, ya que ella está mas al pendiente de la novela del canal nueve. conversamos poco-casi-nada.luego, parte de la tarde, sigo enviando correos -como si estuviera chateando- y cuando llega la hora, salgo para estudiar. de igual manera regreso a mi casa cerca de las once de la noche. después de cenar, escribo -o al menos intento hacerlo- alguna idea que esté vagando por mi mente. veo tv hasta la una y media de la mañana (que es la hora en que dan la repetición de los simpsons y puedo programar la tv para que se apague en media hora).
evidentemente, no es algo que suceda fijo todos los días de mi vida desde que no tengo chamba. suelo hacer otras cosas también. en su mayoría asuntos que sucedan a último minuto.
antes, mi día empezaba a las seis y media de la mañana, me bañaba, me vestía, tomaba desayuno, veía poca televisión, a veces noticias, otras veces alguna de las series de la warner bros. salía de mi casa no sin antes persignarme e iba al paradero a tomar el colectivo -único transporte que llega hasta el centro de lima desde el callao-. siempre llegué más que temprano al banco, cerca de una hora antes de mi hora de ingreso. ya estaba acostumbrado. los días que tenía que ir a estudiar -tres veces por semana-, me daban permiso para salir media hora antes. las primeras clases en las cuales ya trabajaba y estudiaba, la ultima hora siempre era la más pesada y aburrida, tanto así que no vacilaba en quedarme dormido mientras el profesor hablaba del marketing y sus cuatro "p".a mi casa llegaba cerca de las once de la noche. solamente para cenar, vestirme con mi pijama y de frente al sobre. hasta el día siguiente, con la rutina de siempre.los días que no estudiaba, me quedaba más tiempo en el banco -un poco para recompensar las horas-. esos días llegaba a mi casa cerca de las ocho de la noche. aparte de cenar y vestirme con mi pijama, me daba tiempo para revisar mis correos, chatear un rato con las amistades y los días que tenía exámenes o presentación de trabajos no me quedaba otra mas que estudiar.
ahora, mis días empiezan a las nueve o a la diez en el peor de los casos (es que uno tiene que dormir sus ocho horas, mínimo). tomo desayuno con más calma mientras veo las noticias que, en la mayoría de los casos, hablan de accidentes, secuestros, robos, humillaciones futbolísticas y demás cosas. hago ejercicios con la maquina que me compre gracias a la sabrosa utilidad que logré recibir por parte del banco, mientras veo "tres por tres" y "los años maravillosos", me baño y espero a que mi madre termine de cocinar. en ese lapso, me conecto al messenger con estado "no conectado", reviso mi correo y escribo a las amistades, a las que uno nunca olvida. por ahí, de vez en cuando, quedamos para almorzar o para jugar una pichanguita en la noche con la gente del área. la hora del almuerzo ahora es acompañado de mi madre. pero es como si almorzara solo, ya que ella está mas al pendiente de la novela del canal nueve. conversamos poco-casi-nada.luego, parte de la tarde, sigo enviando correos -como si estuviera chateando- y cuando llega la hora, salgo para estudiar. de igual manera regreso a mi casa cerca de las once de la noche. después de cenar, escribo -o al menos intento hacerlo- alguna idea que esté vagando por mi mente. veo tv hasta la una y media de la mañana (que es la hora en que dan la repetición de los simpsons y puedo programar la tv para que se apague en media hora).
evidentemente, no es algo que suceda fijo todos los días de mi vida desde que no tengo chamba. suelo hacer otras cosas también. en su mayoría asuntos que sucedan a último minuto.









0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada